Es domingo, día de almuerzo en familia, con conversaciones que tratan de situaciones particulares de sus componentes, del deporte, la farándula o la política. Hoy, esta arraigada costumbre no se realizará en muchos hogares venezolanos, porque parte de sus miembros deben asistir a la concentración, marcha o protesta que se llevará a cabo en su localidad.
Se cumplen 25 días ininterrumpidos de protestas con 23 muertos, 350 heridos, 41 privados de libertad y 1224 detenidos. Los pronunciamientos de malestar se concentran en áreas residenciales. Mientras, en los barrios son pocos estos acontecimientos, según observadores y líderes locales por temor a los colectivos armados adeptos y formados por el gobierno, de hecho se han producido agresiones en barrios populares que se han atrevido a pronunciarse y salir a la calle. Las autoridades dicen que son solo 17 municipios de 335 que existen en el país, donde se registran estos eventos, mas no consideran cuales son esas municipalidades y lo que representan en la demografía y socio-economía de la nación.
Concomitantemente se ha iniciado un dialogo. Difícil el momento. Ya que no es fácil para un gobierno sentarse a dialogar con individuos que hasta ayer les dijo a sus partidarios eran unos diablos. Peor aun, aceptar que esos luciferes le coloquen como condición 12 letanías que son diametralmente opuestas al modelo económico que ha venido construyendo en los últimos 15 años. Letanías con asuntos de peso específico, como: se suspenden las expropiaciones, introducen modificaciones en el control de cambio y se simplifican las permisologias, entre otros.
Mientras, un componente importante de la sociedad y de la conflictividad, básicamente de los partidos políticos de oposición y los estudiantes, se resiste a incorporarse a las llamadas mesas por la paz. Situación esta dada, porque no tienen credibilidad en las buenas intenciones del gobierno para modificar su enfoque económico, eliminar la represión, respetar la libertad de expresión y ampliar los niveles de inclusión y participación. Aduciendo que en anteriores oportunidades estos intentos solo han servido para dilaciones, ganar tiempo para enfriar la situación y construir listas de opositores para perseguirlos.
En el seno del partido de gobierno se denotan tendencias que comprenden la problemática y sus soluciones. No obstante, no actúan por la presencia en sus filas de otras corrientes que se aferran al modelo que han venido instalando por 15 años, con los resultados que han creado esta crisis.
En el ámbito internacional, se han venido manejando informaciones sobre la magnitud de las represiones y la falta de voluntad de las autoridades para llegar a acuerdos que pacifiquen al país y permitan la revisión de las estrategias de desarrollo. Identificándose posiciones individuales de países que muestran preocupación por el asunto e incluso se ofrecen para mediar. No así reaccionan los bloques de mercados comunes u organizaciones internacionales de carácter político, donde priva el pragmatismo de los compromisos económicos, más que el bienestar de un pueblo hermano.


Por ahora no se visualiza una salida a corto plazo a este conflicto. Sobre todo cuando no se identifica el liderazgo que organiza las acciones de protestas, queja o disgusto ante el curso que sigue el país, y porque los gobernantes hablan de acuerdos y diálogos, pero mantienen la represión y un discurso encendido de descalificaciones y continua la escasez de alimentos y medicina.

9-3-14